Arquitecto Antonino D'Orso

Ultima participación en Concurso

un umbral entre el ruido y el silencio…

Pensar el concurso para el Crematorio Parque CEyS nos obligo a reflexionar sobre dos temas claves: – el peso simbólico de despedir a un ser querido y, – el ínfimo pasaje entre la vida y la muerte. Ello implico entender que una arquitectura para este programa, debe responder con un dispositivo capaz de conciliar estos conceptos y rituales, materializando esas experiencias en un edificio consistente y trascendente. 

En un primer plano emocional, la despedida de un ser querido es uno de los procesos más difíciles y personales que enfrentamos en la vida; buscamos palabras para expresar el dolor, rituales para honrar su memoria y herramientas para transitar el duelo. 

En un segundo plano espiritual, la muerte se describe como un proceso de transición y transformación, parte del ciclo natural de la existencia más que un final definitivo: una separación entre alma y cuerpo que implica el paso de la vida terrenal a otra realidad. 

Desde esta perspectiva metafísica, ese pasaje se entiende como un umbral o espacio liminal donde el alma se libera del cuerpo. Tanto Platón, en “Fedón”, como Elisabeth Kübler-Ross, en “La muerte: un amanecer”, coinciden en concebir la muerte no como un fin, sino como una transición o cambio de estado.  Partiendo de esta visión, el edificio del crematorio propuesto se configura como un umbral entre la vida y la muerte (entre el ruido y el silencio).

El proyecto se concibe como una construcción lineal que materializa y separa esa transición entre ambos campos, une y divide a la vez, el bullicio exterior de la paz interior. Su geometría de franjas paralelas, se separan por una circulación que estructura todo el programa y se restringe de acuerdo al uso. Colaboran a este propósito las necesidades planteadas en las bases, tanto en términos de las etapas necesarias, como por las diferencias funcionales entre el crematorio principal y el de mascotas. Surge así un “umbral arquitectónico” que, bajo una misma cubierta, articula los diferentes accesos públicos y, a su vez, destaca la llegada al crematorio, al parque y al columbario, estableciendo una transición y una apertura visual. Este portal remata con un “óculo” que hace de ventana hacia el cielo y fuga la perspectiva del usuario en un “viaje del alma hacia el infinito”.